Mi afición por la cocina viene desde muy temprana edad y siempre asociada a las faldas de una mujer.
Me explico, ya de pequeño a la edad de 10 ó 12 años me empezó a interesar asomarme a los fogones, en este caso pegado al delantal de mi madre, excelente cocinera y mejor madre aún.
Como no dejó de picarme el gusanillo culinario al terminar el cole, qué mejor manera que seguir los pasos de numerosos y afamados cocineros y pasar por una de las grandes escuelas que tenemos en nuestro país en mi caso, la ESCUELA DE HOSTELERÍA DE MADRID, allí curse los 5 años de FP y salí graduado y licenciado en tan grandes artes.
Además de un título, de la escuela saqué una estupenda novia que a la postre se convertiría en mi compañera de fatigas y en la madre de mis dos maravillosos hijos. Cocinera de postín son las segundas faldas de las que beben mis conocimientos culinarios.
Más de veinte años llevamos por las cocinas de los servicios públicos madrileños, elección que nos llevó a perdernos lo más granado de las cocinas de restaurantes y hoteles.
Sin embargo he de reconocer que fue una elección de vida personal que nos ha permitido disfrutar de la vida en pareja y de nuestros amados y queridos hijos.
Pero como el amor a la profesión se lleva por dentro, no he dejado nunca de interesarme por el MUNDO DE LA GASTRONOMÍA en general y la COCINA en particular.
Muchas gracias a mis profesores y maestros
y en especial a las cocineras de mi vida.
(mi madre "Pepa" y mi mujer "Lise").


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